¿Ves la diferencia?

 

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Esto se dedican a hacer en este campamento de verano para niños.
Los animales no son juguetes; qué cansada estoy de que los adultos los usen para quitarse a los niños de encima y despreocuparse y no cuidarlos.
Veo a gatos y perros siendo “atacados” por niños (por supuesto incosncientes y sin culpa) y los adultos no son capaces de decirles que son seres vivos.
Está bien que jueguen pero no que les traten como juguetes.
HAY UNA DIFERENCIA.
¿La ves?

 

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Cuántos mundos he creado yo…

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El que tiene imaginación,
con qué facilidad saca de la nada
un mundo.
– Gustavo Adolfo Bécquer –

Protegiendo el ego

“El tiempo que empleas en utilizar una personalidad falsa sencillamente lo desperdicias; nunca lo recuperarás. Esos mismos momentos podrían haber sido auténticos, reales. Incluso un solo momento de autenticidad es mejor que toda una vida de falsedad. Así que no tengas miedo. La mente te dirá que sigas protegiendo al otro y a ti mismo, para mantenerte a salvo. Así viven millones de personas.” OSHO

SI LAS MUJERES ENTENDIERAN…

Hace tiempo leí esto y lo tenía pendiente de publicar. Me parece buenísimo y creo que es un buen momento de publicarlo, porque últimamente veo mucho movimiento por parte de los hombres y las mujeres que, lejos de aceptar que somos diferentes pero nos complementamos y tal, no hace más que separarnos y generar odio.

Hay hombres maltratados, al igual que muejeres (sea mayor o menor el número da igual, es fuerte aunque sólo existiera una persona que sufriera esto).

Hay mujeres que mienten y faltan a sus responsabilidades, al igual que hombres.
Y todo esto sólo significa que la humanidad está enferma y dormida, inconsciente.
Si alguien es consciente, no hace daño a otra persona. Si lo hace es porque está enferma o “no se da cuenta” de alguna forma.

Así que lo que tenemos que hacer es curarnos, curarnos a nosotros mismos y así curar a la humanidad a través de nosotros. Así, sólo así, somos “héroes”.
Os dejo el texto, en un intento de que los hombres y las mujeres nos unamos:

“Si las mujeres entendieran…

que los hombres también tienen miedos, pero sin tanto permiso para mostrarlos.

Que hay emoción en el ruido de un motor o en el grito de un gol.

Que valoran mucho más el exceso de sonrisas que tres kilos menos.

Lo abrumador de ser el sostén económico de una familia.

Lo que es tener que ser valiente, poderoso y exitoso a todas horas.

Lo molestas que son las comparaciones con “el marido/novio de”.

La necesidad que tienen de un abrazo que no siempre saben pedir.

Lo difícil que es comprender lo que nunca les han enseñado.

Las lágrimas que no se animan a llorar.

El poder que tenemos sobre ellos.

Que ellos también pasan noches sin dormir.

Que necesitan silencio como nosotras charla.

Que no andan por la vida pensando en cómo lastimarnos.

Que son más débiles de lo que su altura y músculos dirían.

Que sacar lo mejor o peor de ellos está en nuestras manos.

Que piensan y razonan diferente.

Que sienten muy parecido.

Que demuestran sentimientos como pueden o como aprendieron.

Si las mujeres entendiésemos todo esto, si lográsemos mirar más allá de algunos olvidos, si nos diéramos cuenta de que no hay todos o ninguno, si pudiésemos sentir que para ellos la mejor demostración de amor es habernos elegido, si las mujeres bajáramos un poquito la guardia, los reproches y tantos reclamos, si pudiéramos incrementar las sonrisas, los brindis y la picardía y si los dejáramos hacer sin tanto mandato ni expectativa, comprenderíamos que somos lo que le da sentido a sus vidas.

Como mujeres, novias, madres, hijas, hermanas o amigas.

Al final del día, donde se acaban las bromas, donde no hay público ni formas, donde sólo queda un hombre y sus latidos, ahí estamos nosotras… con el que cada una eligió.”

Jess Browne

Por lo de París y tantos otros sitios…

[Esto lo escribí hace mucho tiempo, no sé cuánto, pero años. Creo que fue porque en París hubo un atentado o algo así, pero ni siquiera me acuerdo.
Lo he encontrado y creo que está bien ponerlo. Me parece bonito, un momento mío de confianza total. Ahora no me siento tan segura, pero gracias al trabajo que estoy haciendo tengo una confianza latente que no me permite retroceder mucho, como antes]

Casi siempre que le digo a alguien que estoy en contra de las guerras, de los militares, y de todo eso, me dicen que vivo en un mundo de “Yupi”, que eso es utópico, que el animal grande se come al pequeño, que es imposible que dejen de existir, que los humanos somos así por naturaleza…
Todo eso, en mi cabeza, se traduce como: No hay esperanza; el humano es odio.
Y yo sé que eso no es cierto.
Desde pequeña, lo único que he intentado realmente es cambiar el mundo. Y sé que AHORA está pasando.
Ahora sé cómo hacerlo, y formo parte de ello.
Ahora sé que es posible, y no lo voy a olvidar.
Ahora sé cuál es mi herramienta, y la seguiré utilizando.
Ahora sé que tengo poder, y NADIE ME VOLVERÁ A HACER CALLAR.
No es sólo Francia, es todo el mundo.
No es una utopía, no es mentira, no es imposible.
Porque el ser humano es amor por naturaleza, no odio.
Y donde muchos me decís que soy una soñadora, yo os digo que sí, que lo soy, pero algún día veréis que yo tenía razón. Y no os diré: “Te lo dije” desde mi ego.
Ese día sólo querré daros un abrazo y llorar de felicidad.
Y si no quieres luchar a mi lado, simplemente, no te pongas en medio, no tires por tierra las esperanzas de los que lo estamos luchando. Porque hay mucha gente que, cuando les dices “Eso es imposible”, les convences. Yo fui una de ellos hasta hace no mucho, y aunque ya no, hay gente que no ha encontrado su fortaleza todavía… Y cuando les dices eso, me quitas un aliado, y no somos muchos los que lo intentamos. La mayoría, sólo miran.
Ahora, simplemente, sé… Sé que así ocurrirá… Simplemente… Lo sé.

¡Confía!

MERECIMIENTO POR LOUISE HAY

La falta de Merecimiento es uno de los Karmas más comunes a sanar en la Humanidad, bien sea por un uso malentendido de las religiones, o por una actitud social de no destacar, lo cierto es que nos cuesta mucho sanarlo.

Además de no ser cierto, ya que por el simple hecho de haber nacido merecemos llevar la mejor vida posible, esta creencia limitante, que en muchas ocasiones permanece oculta, nos acarrea muchos problemas.

Veamos lo que nos dice Louise Hay al respecto:

Si no aceptamos la idea de que “merecemos” prosperar, entonces, aun cuando los dones nos lluevan, encontraremos la manera de rechazarlos.

Por ejemplo: Un alumno mío estaba trabajando para aumentar su prosperidad, y una noche llegó a clase emocionadísimo porque acababa de ganar quinientos dólares. —¡No me lo puedo creer! —repetía—. ¡Si yo jamás gano nada! Todos sabíamos que aquello era el reflejo de un cambio en su conciencia, pero él seguía sintiendo que en realidad no se lo merecía.

La semana siguiente no pudo venir a clase porque se había roto una pierna. Las facturas por atención médica ascendieron a quinientos dólares. Como había tenido miedo de “avanzar” por una nueva “senda de prosperidad”, y sentía que eso no era mérito suyo, se había castigado de aquella manera.

Aquello en lo que usted se concentre es lo que aumenta, de modo que no se concentre en las cuentas que tiene que pagar. Si se concentra en la estrechez y en las deudas, generará más estrechez y más deudas.

En el Universo hay una provisión inagotable, empiece a darse cuenta de eso. Tómese su tiempo para contar las estrellas en una noche despejada, o los granos de arena que caben en un puñado, las hojas que hay en una rama de árbol, las gotas de lluvia que resbalan por el cristal de la ventana o las semillas de tomate.

Cada semilla es capaz de producir una planta completa, con una infinidad de tomates.

Agradezca lo que tiene, y ya verá cómo aumenta. A mí me gusta bendecir con amor todo lo que hay actualmente en mi vida: mi hogar, la calefacción, el agua, la luz, el teléfono, los muebles, las cañerías, los diversos utensilios, la ropa, el coche, mi trabajo…, el dinero que tengo, los amigos, mi capacidad para ver, sentir, saborear, tocar, caminar y disfrutar de este planeta increíble.

Lo único que nos limita es nuestra propia creencia en las carencias y imitaciones. A usted, ¿qué creencia lo está limitando?

Si quiere tener dinero sólo para ayudar a otros, entonces está diciendo que usted no se lo merece. Asegúrese de que no está rechazando la prosperidad. Si un amigo lo invita a almorzar o a cenar, acepte jubilosamente, con placer. No sienta que lo único que hace es un “intercambio” con la gente.

Si le regalan algo, acéptelo con señorial agradecimiento. Si es algo que no puede usar, déselo a alguien. Déjese actuar como un canal por donde circulan las cosas. Limítese a sonreír y a dar las gracias. De esa manera hará que el Universo sepa que está en disposición de recibir sus bienes.”

Extraído del libro: “Usted puede sanar su vida” de Louise Hay.

TRATAMIENTO DE MERECIMIENTO:

Este ejercicio debe ser realizado por las personas durante siete días de la semana, únicamente deben grabarse en su mente y repetirlo durante los siete días, si algún día no lo hicieron o practicaron, deberán volver a empezar por siete días.

No deben comunicar a nadie para que la fuerza y voluntad se mantenga y aumente.

Lo único que tienen que hacer es repetir al levantarse y al acostarse en voz alta la afirmación, y durante todo el día repetir mentalmente el siguiente decreto:

“YO _________(nombres y apellidos completos) me merezco todo lo bueno. En mi mente tengo libertad absoluta.

YO _________(nombres y apellidos completos) Ahora entro a un nuevo espacio en la conciencia, en donde me veo de forma diferente. Estoy creando nuevos pensamientos acerca de mi ser y de mi vida. Mi nueva forma de pensar se convierte en nuevas experiencias.

Ahora sé y afirmo que formo una unidad con el Próspero Poder del Universo. Y por lo tanto recibo multitud de bienes. La totalidad de las posibilidades está ante mi.

Fuente: Evolución consciente 

Síndrome de Peter Pan, Wendy y Campanilla

Muy interesante y para mí más porque creo que he tenido un poco de todos (y todavía tengo algo de Wendy, y eso que siempre la odié. Cuando más consciente más ves que cuando rechazas algo en cualquier grado es porque lo ves en ti).

La obra literaria «Peter Pan», escrita en 1911 por el dramaturgo escocés Sir James Matthew Barrie, cuenta la historia de un joven llamado Peter Pan, que se resiste a crecer y que huye de su casa para vivir en el «País de Nunca Jamás» con las hadas y un grupo de niños perdidos. La aventura realmente comienza cuando Peter, acompañado por Campanilla, invita a Wendy y a sus dos hermanos menores a visitar su país y la niña asume el papel de madre de toda la comunidad infantil.

Probablemente su creador nunca imaginó que sus tres personajes principales, 100 años después, se convertirían en auténticos arquetipos de nuestra sociedad.

En 1983, el psicólogo norteamericano Dan Kiley denominó como víctimas del Síndrome de Peter Pan a aquellos hombres, o mujeres, que no quieren crecer, o lo que es lo mismo, asumir las responsabilidades de la vida adulta. Solo un año más tarde, tras analizar en profundidad el perfil de quienes interactuaban con los hombres de tipo Peter Pan, acuñó el término Síndrome de Wendy para aquellas personas que actúan como madres o padres con su pareja y con otros seres que consideran importantes en su vida.

El Síndrome de Wendy se manifiesta en aquellos individuos, habitualmente mujeres, que sienten una necesidad absoluta y exagerada de satisfacer al otro, de sentirse imprescindibles para la pareja e hijos y cuya necesidad está basada en su miedo al rechazo, al abandono, a no sentirse querido ni valorado; en definitiva, se comportan así por una necesidad imperiosa de seguridad.

Esta conducta la podemos encontrar dentro del núcleo familiar en padres o madres sobreprotectores y en las relaciones interpersonales, con personas muy cercanas.

Aquellos que padecen el Síndrome de Wendy no son capaces de tomar las riendas de su propia vida ya que dedican todos sus esfuerzos a controlar la vida de otra persona. Son individuos a los que, inconscientemente, les cuesta mucho permitir a sus seres queridos ser más independientes o asumir su papel en la vida.

Frecuentemente el origen de éste síndrome se encuentra en el pasado familiar, en situaciones en la que esa persona se sintió excluida y desprotegida, y por ello trata de compensar, en la edad adulta, su falta de guía y protección representando el papel de aquellos padres de quienes no la recibió. Según el psicólogo clínico Samuel Merlano, también puede darse en aquellos individuos que se saltaron alguna etapa de su crecimiento y se vieron obligados a madurar antes de tiempo debido a circunstancias familiares como, por ejemplo, tener que hacerse cargo de hermanos menores al faltar la madre, o trabajar para mantener al resto de la familia.

La mujer Wendy, agrega Merlano, es muy dependiente, no soporta la soledad y necesita la aprobación de los demás. Ni tan siquiera tiene claras sus propias metas o sueños, ya que su única razón de vivir es volcarse en su pareja o hijos para sentir alegría y satisfacción.

No puede existir un Peter Pan sin que exista alguien que apoye y sostenga dicha forma de vida. Como señala el psicólogo Ángel Marín Tejero: «Tras un Peter Pan siempre tiene que haber una persona, hombre o mujer, dependiendo del caso, que se encargue de hacer todo aquello que no hace él. Peter Pan no existe si no hay una Wendy que le aguante».

Como el síndrome se proyecta como una tendencia del individuo a ser el solucionador de todas las necesidades del otro, no es fácil reconocerse a uno mismo en esa situación. Así, una esposa no puede desempeñar plenamente su papel dentro de la familia ya que, buscando lo que ella cree que podría satisfacer al esposo, actúa como madre de su pareja asignandole el papel de Peter Pan y ella el de Wendy.

El Síndrome de Wendy se refiere, en resumen, a una incapacidad para asumir que cada uno necesita hacerse responsable de sus propios actos y no precisa de «padres sustitutos» para el resto de su vida.

Los afectados no se sienten felices y sufren un gran vacío existencial e insatisfacción en sus relaciones de pareja. Estas mismas sensaciones afectan también a madres cuyos hijos no queriendo crecer evitan asumir responsabilidades acordes con su edad. Un exceso de sobreprotección tiene un efecto negativo en ellos, no les permite desarrollar su autonomía, los va atrofiando psicológicamente y los hace incapaces de enfrentarse a la vida. Este es otro aspecto por el que este Síndrome de Wendy se relaciona con el de Peter Pan, ya que frecuentemente madres Wendy generan hijos Peter.

Volviendo a la opinión del psicólogo clínico Samuel Merlano, existen situaciones en las que las madres Wendy crean hijos-padres, quienes se convierten en «sus verdugos»: les ordenan, les dicen lo que deben cocinar, les exigen que les ayuden con cualquier necesidad de una manera imperativa y despótica. Lo que podría estar pasando es que, en cierto modo, estén recreando el ambiente familiar de inseguridad en el que ellas crecieron.

Para Liliam Cubillos, Catedrática en Psicología Clínica, el Síndrome de Wendy, lejos de ser un tema nuevo, ha estado siempre presente. Hace tres o cuatro décadas era parte del patrón del hogar respetable: las mujeres eran educadas para atender a los hombres y convertirse en esclavas de sus maridos al casarse.

Pero tanto en el cuento como en nuestra sociedad existe otro personaje, otra clase de mujer, que se siente atraída por las víctimas del síndrome de Peter Pan. A diferencia de quiénes responden al arquetipo de Wendy, ellas desean espontaneidad, madurez y adaptación mutua en la relación con su hombre. Reconocen la inmadurez de Peter pero aún así le aceptan: son Campanillas. Ellas, como Wendy, también esperan que Peter supere su conducta infantil, con la diferencia de que si esto no ocurriera se marcharían por su propio bien, desencantadas y desilusionadas, y no se aferraran desesperadamente a él, como haría Wendy, suplicando su amor.

Si bien es cierto que tanto el personaje como la personalidad de Peter Pan y de Wendy se han mantenido con apenas modificaciones a través de las distintas interpretaciones de la obra original, la factoría Disney nos presenta una imagen de Campanilla como un ser lindo, frágil, risueño, un hada encantadora que dista mucho de la verdadera personalidad que tiene la Campanilla del cuento original escrito en 1911.

Campanilla representa la alegoría de los celos y la manipulación, capaz de traicionar a su amado Peter Pan porque no sólo no le presta especiales atenciones, sino que se muestra interesado en Wendy, a la que Campanilla percibe como una muchacha ñoña.

La mujer que hoy en día se ajusta al arquetipo de Campanilla: se define por ser brillante, perfeccionista, competente, destacar en su trabajo, ocupar con éxito puestos de responsabilidad, siempre tiene razón y logra superarse a sí misma. Son encantadoras y seductoras, impresionan y atraen a los hombres, pero…. su vida afectiva es desastrosa.

Según opina la psicoterapeuta francesa Sylvie Tenenbaum, autora de diversas obras sobre este tema: «para estas Campanillas modernas los hombres raramente están a su altura». Cada uno de los diversos pretendientes de los que se rodea, no olvidemos que es envolvente y cautivadora, cree ser especial. Ella le hace creer que es el elegido, pero en realidad nunca llega a serlo debido a su pánico al compromiso. Ella puede no ser capaz de elegir con cual se queda pero… que se cuiden mucho sus rivales de acercarse a su territorio de caza.

Su comportamiento amoroso es particular: Campanilla obnubila a sus pretendientes, los hace soñar mientras ella se mantiene fría y en control constante de sus emociones. Rara vez se enamora, resistiendose al amor ya que amar, para ella, es un signo de debilidad. Si en un descuido de su eterna guardia se cuela el amor en su vida, Campanilla reprimirá sus sentimientos y desafiará a su elegido a que la conquiste. Su pretendiente tendrá que esforzarse y, si no consigue complacerla, ella lo traicionará.

En la sociedad en la que vivimos las mujeres han alcanzado, entre otros, dos logros importantes: descubrir su derecho a triunfar y perder el miedo a comportarse como los hombres tanto a nivel afectivo como social, de ahí que las Campanillas sean cada vez mas numerosas. Igualarse a los hombres emocionalmente hablando les ha hecho adoptar la cólera, tradicionalmente considerada una emoción masculina, y por ello reaccionan encolerizadas contra aquellos que no las aprecian tal como son, contra quiénes no las comprenden y contra su entorno y la vida en si misma, llegando a hacer pagar a los hombres presentes en su vida su vacío afectivo: el hecho de que su propio padre no las quisiera como ellas consideraban que merecían haber sido queridas.

En algunos núcleos familiares, por una simple cuestión cultural, el hijo varón podía llegar a obtener mas atención por parte de sus progenitores haciendo que su hermana llegase a desear haber nacido niño. Este es el caso de Campanilla: de pequeña se acostumbró a controlar sus sentimientos y su frustración, y a superarse para plantarle cara a la vida, todo esto para demostrar su valía ante los ojos del padre, sin dejar de culpabilizar también a su madre, figura que incluso llega a ver como rival.

Detrás de una fachada de control total se oculta una persona con un profundo malestar, frustrada, manipuladora y celosa. Esta mujer, explica Tenenbaum: «vive la vida como si dentro de ella hubiese otra persona».

Una vez comparados ambos perfiles, existen una serie de características que definen cada comportamiento.

Se entiende como característicos del Síndrome de Wendy el hecho de que:

  • El individuo se sienta imprescindible o suponga que la otra persona no podrá arreglárselas sola sin su presencia.
  • Entienda el amor como sacrificio y se resigne al sufrimiento que esto le supone.
  • Evite a toda costa que el otro se moleste o incomode.
  • Intente continuamente hacer feliz al otro, aún a costa de sus propios sentimientos.
  • Insista en hacer las tareas y asumir las responsabilidades de la otra persona.
  • Pida perdón por todo aquello que no ha hecho o que no ha sabido hacer aún cuando la responsabilidad, evidentemente, no es suya.
  • Sienta una necesidad imperiosa de cuidar al otro, más allá de lo razonable, asumiendo una figura paterna o materna.
  • Se sienta falto de atención.

A menudo es difícil detectar estas características típicas de Wendy ya que tendemos a ver en estas acciones algo positivo, y no reparamos en que, probablemente, detrás se esconda una actitud no sana.

La superación de este síndrome pasa por recurrir a la ayuda profesional que le oriente sobre como establecer relaciones equitativas con las personas, a escuchar activamente los problemas de los demás sin sentirse obligado por ello a resolverlos. Para eso es preciso establecer límites de lo que le corresponde y de lo que no. Es de vital importancia para estos individuos cultivar la autoestima y acostumbrarse a decir «No» como una forma de autoafirmación de uno mismo. Aprender a madurar, a pensar que cada uno es responsable de su vida, no asumiendo los deberes y responsabilidades de los demás.

Por el contrario, en el caso de Campanilla, para salir adelante tendrá que rehabilitar a la pequeña niña que fue una vez, sanando y liberando todas sus emociones reprimidas. Su cólera sólo enmascara una gran tristeza y ha de hacerse consciente de ella. «Para esto se requiere una especie de auto-maternidad, poner nombre a los sufrimientos y descubrir quién se es de verdad», precisa Tenenbaum.

Paloma Hornos
Terapeuta de Técnicas Energéticas

Fuente: Evolución consciente (corregido)

La perfección es relativa

Hace tiempo llegué a esta conclusión. Sé que muchos pensaréis que la propia definición de perfección contradice esta afirmación, pero yo sé que estoy en lo cierto: la perfección existe y no lo entendemos porque es relativa.
Como no me apetece mucho explicar, sólo voy a decir varias frases que creo que, juntas, dan a entender lo que quiero decir:

  • La perfección es relativa: existen cosas perfectas, pero para cada persona
  • Todos somos uno: todos somos la misma entidad, partida en infinitas partes; Lo que es perfecto para uno, es perfecto para todos.
  • Somos uno partido en infinitas partes distintas, esto es; somos lo mismo en esencia pero en la superficie nos estamos expresando de forma distinta: en esta expresión, o versión de cada uno, o momento, o dimensión, o como lo quieras decir, lo que es perfecto para uno, no lo es para los demás.
  • El tiempo no existe: todo está pasando a la vez y a la vez todo ha pasado ya.

 

Si alguien quiere hablar sobre esto conmigo, estaré encantada.

Me encantan estas conversaciones.

 

Marian García

Afirmaciones

La gran maestra de las afirmaciones en nuestros días, mundialmente conocida, Louise Hay nos ofrece una serie de afirmaciones del corazón, que recogemos en este post,  para potenciar nuestra aceptación y con ello la aceptación del Todo del que formamos parte.

* AFIRMACIONES *

Cuando haces afirmaciones abandonas el papel de víctima. Ya no te sientes impotente, y reconoces tu propio poder.

“Doy el paso que me llevará a sanar.”

Una afirmación es un punto inicial, algo que abre el camino. Por medio de ella dices a tu subconsciente: «Asumo la responsabilidad. Me doy cuenta de que puedo hacer algo para cambiar».

Si repites a menudo la afirmación, o bien estarás listo para dejar que lo que sea suceda, y la afirmación se volverá verdad, o se abrirá ante ti un camino nuevo.

Quizá tengas una idea brillante o un amigo te llame para decirte: « ¿No has intentado nunca hacer esto?», y te verás guiado a dar el paso que te llevará a sanar. Las afirmaciones proporcionan a tu subconsciente algo sobre lo cual trabajar en el momento

“Estoy abierto y receptivo”

Cuando hacemos afirmaciones creamos lo bueno en nuestra vida, pero si alguna parte de nosotros mismos no cree que seamos dignos de ello, nuestras afirmaciones no se harán realidad.

Entonces seguramente diremos: «Las afirmaciones no funcionan», pero eso no es cierto. Si no conseguimos lo que queremos es porque no creemos que nos lo merecemos.

Debemos tomar conciencia de qué es lo que creemos.

Las respuestas que hay dentro de mí me llegan fácilmente a la conciencia.

Si haces tus afirmaciones delante de un espejo, ten siempre a mano papel y lápiz, de modo que puedas tomar nota de los mensajes negativos que te vengan a la mente mientras las dices.

No es que tengas que trabajar en ese mismo momento con ello. Puedes sentarte más tarde a revisar tu lista de respuestas negativas, si las tienes, y empezar a entender por qué no consigues lo que dices querer. Si no tomas conciencia de tus mensajes negativos, es muy difícil que los modifiques.

* ACEPTACIÓN *

Mírate en el espejo y di: «Me amo y me acepto exactamente tal como soy» ¿Qué es lo que te viene a la mente? Observa cómo te sientes. Quizá sea esto el centro de tu problema.

“Acepto todas las partes de mí mismo”

Lo más importante del proceso de sanarnos o de integrarnos en un todo es aceptarnos totalmente a nosotros mismos, con todas nuestras múltiples partes.
Aceptémonos cuando actuamos bien y cuando no lo hacemos tan bien, cuando nos asustamos y cuando demostramos nuestro amor, cuando nos comportamos tontamente y cuando nos mostramos brillantes e ingeniosos, cuando fracasamos y cuando ganamos.

Todo esto son distintas facetas de nosotros mismos. La mayoría de nuestros problemas provienen de que rechazamos partes de nosotros mismos: no nos amamos total e incondicionalmente.

Que la mirada que echamos sobre nuestro pasado no sea de vergüenza. Miremos al pasado viendo en él la riqueza y la plenitud de la Vida. Sin esta riqueza y esta plenitud no estaríamos hoy aquí.

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Cuando nos aceptamos totalmente nos convertimos en seres íntegros y sanos. Si no te amas total, entera y plenamente, es porque en algún momento aprendiste a no amarte. Pero puedes desaprenderlo.

Empieza a ser amable contigo ahora mismo:

Acepto todo lo que he creado para mí mismo.
Me amo y me acepto exactamente tal como soy.
Me apoyo,confío en mí y me acepto allí donde esté.
Puedo existir dentro del amor de mi propio corazón.
Me pongo la mano sobre el corazón y siento el amor que hay en él.
Sé que en él hay mucho lugar para aceptarme tal como soy aquí y ahora.
Acepto mi cuerpo, mi peso, mi altura, mi aspecto, mi sexualidad y mis experiencias.
Acepto todo lo que he creado para mí mismo.
Mi pasado y mi presente.
Estoy dispuesto a dejar que mi futuro suceda.
Soy una Expresión Divina y Magnífica de la Vida, y me merezco lo mejor de lo mejor.
Y lo acepto para mí, ahora.
Acepto los milagros.
Acepto sanar.
Acepto que estoy a salvo.
Y, sobretodo, me acepto a mí misma.
Soy un ser único y valioso,y me aprecio como tal.

Y así es. Si esperamos a ser perfectos para amarnos a nosotros mismos, perderemos la vida entera. Ya somos perfectos, aquí y ahora.

Soy perfecto tal como soy.
No soy demasiado ni demasiado poco.
No tengo que demostrar quién soy a nadie ni a nada.

He llegado a saber que soy la perfecta expresión de la Unidad de la Vida.

En la Infinitud de la Vida he tenido muchas identidades, cada una de ellas una expresión perfecta para aquella vida en particular.

Estoy contento de ser quien soy y lo que soy esta vez.

No deseo ser como nadie más, porque no es esa la expresión que he elegido para esta vida.

La próxima vez seré diferente.

Soy perfecto tal como soy aquí y ahora. Soy suficiente.

Soy uno con la totalidad de la Vida. No tengo que luchar para ser mejor. Todo lo que
necesito es amarme hoy más que ayer y tratarme a mí mismo como a un ser profundamente amado.

Al ser querida por mí misma, floreceré con un júbilo y una belleza que apenas si puedo empezar a vislumbrar.

El amor es el alimento que necesitamos los seres humanos para realizar nuestra grandeza.

Al aprender a amarme más a mí mismo, aprendo a amar más a todo el mundo. Juntos alimentamos amorosamente un mundo cada vez más hermoso.

Todos sanamos, y el planeta sana también. Con júbilo reconozco mi perfección y la perfección de la Vida.

Y así es.

Si quieres conocer cómo trabajarte la falta de merecimiento con afirmaciones de la misma autora visita este enlace

Fuente: Evolución Consciente (corregido)

Osho habla sobre la tristeza

Siempre que te sientas triste, siéntate en silencio y deja que esa tristeza te invada; no trates de escapar de ella. Siéntete lo más triste que puedas. No la evites. Recuerda esto. Llora al máximo, tírate por el suelo, revuélcate… y deja que desaparezca por sí misma. No la expulses; se irá, porque nada permanece para siempre.

Cuando se vaya, te sentirás descargado, absolutamente aliviado, como si toda fuerza de gravedad hubiera desaparecido y pudieras volar, sin peso alguno. Es el momento de entrar en ti mismo. Primero, ábrete a la tristeza.

Corrientemente, no te abres a ella; buscas sistemas para poder fijarte en otras cosas; vas al restaurante, te reúnes con amigos, lees un libro o vas al cine, o tocas la guitarra; haces algo para poder sumirte en ello y distraer tu atención.

Has de recordar esto: cuando te sientas triste, no te pierdas la oportunidad. Cierra las puertas, siéntate y siéntete tan triste como puedas, como si el mundo entero fuera un infierno. Sumérgete en ella, profundiza en ella. Deja que cualquier pensamiento de tristeza te invada, deja que la emoción te agite. Y llora, gime, exprésate… en voz alta… no tienes por qué preocuparte.

En primer lugar, vive esa tristeza durante unos días, y cuando la tristeza desaparezca te sentirás muy calmado, tranquilo, como tras una tormenta. En ese momento siéntate en silencio y disfruta del silencio que está apareciendo en ti. No lo has provocado; te abriste a la tristeza. Cuando la tristeza desaparece, en ese espacio, surge el silencio. Escúchalo. Cierra tus ojos. Siéntelo… percibe su textura…su fragancia. Y si te sientes feliz, canta y baila.
Osho.

*Nota mía: Osho diseñó lo que se llaman “meditaciones dinámicas” especialmente para que la gente de occidente, que estamos muy metidos en la mente y hemos tapado todas nuestras heridas y emociones las saquen y sanen. Si te interesa hacer esta práctica, lo que describe aquí, es un buen método

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