La difícil lucha en India por igualar los derechos de la mujer”

Mi encuentro con Singh y otros cuatro violadores me dejó con la sensación de que mi alma fue sumergida en alquitrán, y no hay ningún agente de limpieza en el mundo que pueda eliminar esa mancha indeleble”

El 16 de diciembre de 2012, la mujer de 23 años de edad había ido al cine con un amigo. A las 20:30 abordaron un autobús fuera de servicio, con seis hombres a bordo, entre ellos cinco adultos y un menor de edad. Los hombres golpearon al amigo y cada uno se turnó para violar a la mujer, antes de agredirla brutalmente con un instrumento de hierro.

Mukesh Singh, el conductor del autobús, describió todos los detalles de lo ocurrido. Mientras que los fiscales dicen que los hombres se turnaron para conducir el autobús, y todos participaron en la violación, Singh dice que se quedó al volante durante todo el tiempo.

Junto con tres de los otros atacantes, Singh está apelando contra su pena de muerte. Singh no mostró ningún tipo de remordimiento y expresó frente a todos los presentes, su desconcierto sobre el alboroto que se había producido por la violación.

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“Una chica decente no anda dando vueltas por ahí a las nueve de la noche. Una chica es mucho más responsable de una violación que un chico”, dijo.

Mukesh Singh es uno de los cinco condenados por el crimen, su hermano Ram murió en prisión antes del juicio.

“Los quehaceres y la limpieza del hogar son para las chicas, no el andar por ahí en discotecas o bares durante la noche haciendo cosas incorrectas, vistiendo ropa equivocada. Alrededor del 20% de las niñas son buenas.”

Las personas “tienen derecho a darles una lección”, sugirió, y me dijo que la mujer debería haberlo aceptado.

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“Mientras era violada, no debería haberse defendido. Ella debería haberse quedado en silencio y haber permitido la violación. Así ellos la hubieran dejado libre después de violarla y sólo hubieran golpeado al muchacho”, dijo.

Escalofriantemente, continuó: “La pena de muerte hará que las cosas sean aún más peligrosas para las niñas. Ahora cuando la violen, no dejarán a la niña como nosotros lo hicimos. La matarán. Antes, la violarían y dirían: ‘Déjenla, ella no le dirá a nadie’. Ahora, cuando la violen, especialmente los criminales, simplemente matarán a la chica. Muerte.”

Para mí, la verdad no podría estar más lejos de esto, y tal vez su castigo incluso enmascare el verdadero problema, que es que estos hombres no son la enfermedad, sino los síntomas.

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Mi encuentro con Singh y otros cuatro violadores me dejó con la sensación de que mi alma fue sumergida en alquitrán, y no hay ningún agente de limpieza en el mundo que pueda eliminar esa mancha indeleble.

Uno de los hombres que entrevisté, Gaurav, había violado a una niña de cinco años de edad. Pasé tres horas grabando su entrevista mientras relataba en explícitos detalles cómo había ahogado sus gritos con su gran mano.

Estuvo sentado durante toda la entrevista mientras se le asomaba una sonrisa incompleta por medio de sus labios, tal vez era el nerviosismo causado por la presencia de la cámara. En un momento le pedí que me dijera cuán alta era ella. Se puso de pie, y con su extraña sonrisa me indicó una altura alrededor de sus rodillas.

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Cuando le pregunté cómo pudo cruzar la línea entre imaginar lo que quería hacer, y hacerlo realmente, dada su altura, sus ojos, sus gritos, él me miró como si estuviera loca por tan sólo hacerle esa pregunta y dijo: “Ella era mendiga. Su vida no tenía ningún valor“.

Estos delitos contra las mujeres y las niñas son una parte de la historia, pero la historia comienza con una niña que desde el nacimiento no es tan bien recibida como lo es un niño. Cuando al niño lo alimentan más que a la niña, cuando los movimientos de la niña son restringidos y sus libertades y opciones se reducen, cuando la envían como una esclava doméstica a la casa de su marido, y así. Si a la mujer no se le atribuye ningún valor, si una niña vale menos que un niño, entonces es lógico pensar que habrán hombres que creen que pueden hacer lo que quieren con ellas.

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“En nuestra cultura, no hay lugar para la mujer“, dice el abogado ML Sharma, en una conversación con los dos defensores de los asesinos de la joven de 23 años, y lo que dijeron fue muy revelador. “En nuestra sociedad, nunca permitimos que nuestras mujeres salgan de la casa después de las 18:30 o 19:30 o 20:30 de la tarde con una persona desconocida”, dijo Sharma. “Estás hablando del hombre y la mujer como amigos. Lo siento, eso no tiene lugar en nuestra sociedad. Tenemos la mejor cultura. En nuestra cultura, no hay lugar para una mujer”.

El otro abogado, AP Singh, dijo anteriormente en una entrevista televisada: “Si mi hija o hermana iniciara actividades pre-maritales y se deshonrara a sí misma, se humillara siendo irresponsable o promiscua al hacer este tipo de cosas, yo sin duda llevaría a esta hermana o hija a mi casa de campo, y delante de toda mi familia, le pondría gasolina encima y le prendería fuego.” Él no me renegó ese comentario cuando se lo repetí.

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La inequidad de género es el tumor primario, y la violación, el tráfico, el matrimonio infantil, el feticidio femenino, los asesinatos por honor y así sucesivamente, son las metástasis. Y en la India, el problema no es la falta de leyes, la India es una democracia y un país civilizado que se está desarrollando rápidamente. El problema es su implementación.

El artículo 14 de la Constitución de la India confiere absoluta igualdad de derechos para las mujeres. La entrega de la dote es una ofensa legal, pero no obstante, muchas familias mantienen la costumbre. Hasta y a menos que no haya un cambio de mentalidad, el cáncer va a prosperar y va a seguir extendiéndose.

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Pero lo que me obligó a dejar a mi familia e ir a Delhi para hacer esta película no fue la violación en sí, ni el horror de la misma. Sino lo siguiente…

A partir del día después de la violación, y durante más de un mes, hombres y mujeres comunes salieron a las calles de las ciudades de la India en un número sin precedentes para protestar. Ellos desafiaron un diciembre muy frío y una campaña gubernamental de cañones de agua, batutas y gas lacrimógeno. Su coraje y determinación para ser escuchados fue extraordinariamente inspirador.

Había algo de suma importancia acerca de sus presencias y perseverancia, que me recordó a las multitudes que se habían reunido en la plaza Tahrir de El Cairo, una junta de la sociedad civil que exigía que se llevara a cabo una conversación que se había aplazado por mucho tiempo.

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Y pensé, que a pesar del terrible historial de violencia contra las mujeres y las violaciones incesantes, aquí estaba la India liderando el mundo con su ejemplo. No pude recordar otro país, en mi vida, que se hubiera puesto de pie con tanta fuerza por las mujeres, por mí. Y supe de inmediato que simplemente tenía que utilizar cualquier talento y/o habilidad que tuviera, para amplificar sus lágrimas y gritos de “basta ya, es suficiente“, que se dejara sentir en todo el mundo.

Como suelen ser los casos de intentos extremadamente desafiantes donde las apuestas humanas son altas, la principal lucha para mí era la carga emocional y psicológica que imponía este trabajo.

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Cuando nos sumergimos en lo más profundo de nuestro corazón humano, no podemos evitar sentirnos deprimidos y/o decepcionados profundamente. Una mañana durante el rodaje, me desperté mojada de pies a cabeza, bañada en sudor y miedo, y con el corazón golpeando fuertemente contra mi caja torácica. Fue un ataque de pánico. Llamé a casa pensando que mi marido iba a contestar, pero mi hija de 13 años de edad fue quien lo hizo.

Inmediatamente sintió que yo estaba en problemas. Y cuando le dije, entre lágrimas, que iba a volver a casa porque todo eso era demasiado para mí, que la montaña era demasiado alta para poder escalarla, ella me dijo: “Mamá, no puedes volver a casa porque yo y mi generación de niñas confiamos y dependemos de ti”.

Lo que me permitió soportarlo, además de Maya, fue lo que me había inspirado en primer lugar: los nuevos pensadores, especialmente los jóvenes en la India que quieren un cambio y lo aclaman. Y soy absolutamente optimista de que ahora estamos en la cúspide del cambio.

Visto BBC & Imágenes de BBC, Daily Mail y El País.

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