¿CÓMO RECONOCER A UN NIÑO SUPERDOTADO?

¿Son “raritos” los superdotados o, tal vez, somos nosotros los que desconocemos el tema? Aunque la legislación española reconoce las necesidades educativas especiales de estos niños, la mayoría de los profesores no tiene la información necesaria y, a veces, bloquea su identificación por desconocimiento.

A menudo, se suelen confundir las Altas Capacidades con el ‘alto rendimiento académico’. Pensamos que se trata de niños precoces, responsables, que muestran un especial interés por seguir la clase. Esperamos un niño silencioso y aplicado, que todo lo sabe, escribe perfectamente y lee sin parar. Sin embargo, muchas veces la inteligencia implica justo lo contrario: inquietud (tanto física como mental),rebeldía y dificultad para aceptar las normas cuando no son razonadas. De hecho, puede confundirse con el TDA-H (‘Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad’).

…bloquea su identificación por desconocimiento

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ALTAS CAPACIDADES

¿Qué significa tener Altas Capacidades Intelectuales?

Aunque el término superdotado es más conocido popularmente; recientemente, se ha visto desplazado, sobre todo a nivel institucional, por otro más amplio y general, el de Altas Capacidades.

Para Maite Garnica, pedagoga y autora del libro ¿Cómo reconocer a un niño superdotado?:

“Cuando hablamos de un alumno con Altas Capacidades nos referimos a aquellos que poseen un coeficiente intelectual por encima de la media, que además destacan en múltiples aspectos y que tienen una gran capacidad creativa (literaria, científica, artística…). A todo esto se une el rasgo de gran implicación en la tarea, pero ¡cuidado!, sólo en aquellas tareas que les interesan, les motivan y les atraen”.

Según afirma la psicóloga especializada Carmen Sanz Chacón, en su libro La maldición de la inteligencia, el cerebro de estos niños:

“Está más desarrollado y como consecuencia tienen una mayor capacidad lógica. Razonan mejor y aprenden mucho más rápido, poseen un vocabulario y una capacidad verbal más desarrollados. (…) Suelen sorprender porque tienen un comportamiento impropio de su edad. Lo que provoca que no encajen ni con los mayores ni con los pequeños”.

Pero no todos los niños con gran inteligencia tienen éxito escolar, porque aunque la inteligencia es fundamental y necesaria, no es suficiente. Podemos decir que las altas capacidades son al éxito académico lo que la altura es al baloncesto. Un chico muy alto tendrá más facilidad para ser un as del basket, pero no tiene por qué serlo. Necesita una dedicación especial, capacidad de sufrimiento y, sobre todo, motivación. ¿Pero qué pasaría si ponemos a un niño que mide 1.80 a jugar al baloncesto con niños de 1.20? ¿Le motivaría? Ese es el problema. Por eso muchos de ellos no son identificados e incluso se les considera torpes y poco inteligentes.

…ni con los mayores ni con los pequeños

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LOS PADRES

Los padres son quienes mejor les identifican

En el año 2003, el propio Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid reconocía que “los padres son excelentes identificadores de sus propios hijos superdotados, ya que en el 70% de los casos la selección hecha es correcta”. Sin embargo, según los datos obtenidos en la Comunidad de Madrid, “los maestros identificaron tan sólo un 44% de los alumnos superdotados que estaban en sus clases (…) Además, identificaron como superdotados un altísimo número de alumnos -97%- que no eran superdotados. Esto indica que los profesores no están suficientemente formados para identificar a los superdotados y que, por lo tanto, no elaboran ningún tipo de currículum especial para educar a estos alumnos”.

CARACTERÍSTICAS

Características de los niños con Altas Capacidades

Según la directora del Centro Especializado en Superdotados (CES), Maite Garnica, “estos niños, además de poseer una serie de características cuantitativas, tienen otras características cualitativas, diferentes al resto de los alumnos, que deben conocerse para poder dar respuesta a sus necesidades”.

Algunas de estas características son:

Gran curiosidad y creatividad

La psicóloga estadounidense Leta Hollingworth (1886-1939) ya advertía en un libro “Los niños superdotados: su naturaleza y educación”, que estos niños, además de poseer un alto Coeficiente Intelectual, tenían, desde muy pequeños, un gran interés por los orígenes y el destino, siendo ello un síntoma destacado de agudeza intelectual: ¿quién hizo el mundo?, ¿de dónde venimos?, ¿dónde iremos tras la muerte?, ¿por qué venimos al mundo? A mayor cociente intelectual, antes desarrolla el niño una acuciante respuesta del universo.

Alta sensibilidad

Según las investigaciones de Hollingworth, el 90% de los niños superdotados tienen una sensibilidad muy alta, así como un elevado sentido de la justicia. Entre el 84 y el 88% era también muy perfeccionista y cuestionaba la autoridad. También eran muy constantes en las áreas por las que sentían gran interés. Esta extremada sensibilidad y perfeccionismo les lleva, en muchos casos, a tener cierta tendencia a la introversión y una gran desconfianza hacia el resto de personas.

El psicólogo y psiquiatra polaco Kazimierz Dabrowsky, conocido por sus investigaciones en este campo, asegura que estos niños “tienen una capacidad de emocionarse profundamente. Desarrollan fuertes vínculos con personas, lugares y cosas. Debido a su intensidad emocional, a menudo son acusados de ser melodramáticos. Sin embargo, las emociones que sienten son reales. Para ellos un grano de arena es realmente una montaña”.

Las Disincronías

Según la directora de El Mundo del Superdotado, Carmen Sanz Chacón, los niños y adultos con Altas Capacidades suelen tener un alto rango de intereses, “sin embargo, pueden tener problemas para aprender a escribir”, porque su desarrollo motriz no está ajustado con su evolución intelectual. Los expertos lo llaman disincronía o falta de sincronización entre la inteligencia y la psicomotricidad. Esto puede provocar una gran frustración y ansiedad en el niño y desembocar en un rechazo a la escritura o a la actividad deportiva.

Otras disincronías descritas por el psicólogo infantil especialista en el estudio de la superdotación

Jean C. Terrasier son:

  • Inteligencia-afectividad: Muchas veces son capaces de razonar acontecimientos al nivel de un adulto, pero no de gestionar las emociones que les provocan. Esto puede generarles mucha ansiedad.
    Su capacidad perceptiva y para relacionar conceptos les proporciona información que no pueden procesar adecuadamente por su corta edad. Este desfase puede llevar al niño a adoptar comportamientos que escondan su inmadurez, aunque siempre hay momentos en los que ésta se pone de relieve, como por la noche, cuando la ansiedad y los miedos suelen aparecer. Algunos padres tienen serias dificultades a la hora de aceptar el verdadero desarrollo emocional de su hijo superdotado y, para el niño, tampoco es fácil, ya que su alta capacidad le permite el acceso a informaciones que su inmadurez afectiva no sabe asimilar. Cuando no puede gestionar o elaborar las sensaciones y emociones, entra en juego de forma preferente, aunque no de forma única, el mecanismo de la intelectualización, que las reprime con un discurso frío y racional. Por tanto, hay que esforzarse en permitir a estos niños expresar sus sentimientos, sus placeres y disgustos, sus vergüenzas y sus furias; hay que permitirles equivocarse, fallar, enfrentarse a dificultades… y enseñarles a hacerles frente de forma adecuada. (el corazón no sigue a la mente).
  • Lenguaje-razonamiento: Aunque su vocabulario es mucho más amplio que el del resto de niños de su edad, el niño con Altas Capacidades es capaz de razonar mucho más de lo que puede expresar.
  • Social: Un niño de 8 años con un CI de 130 tiene una edad mental de 10. Este desajuste entre su edad mental y su edad cronológica puede desencadenar problemas en el centro educativo, con la familia o con los amigos.
    Resulta del desfase entre la pauta interna del desarrollo del alumnado de altas capacidades y la norma social adecuada a la infancia. Cuando el niño tiene que adaptarse a la norma única del sistema educativo escolar, le provoca un fracaso escolar paradójico. Se espera que tengan un “comportamiento normal” tanto por parte de sus padres como de sus compañeros. El niño propone juegos que sus compañeros no siguen, no entienden o no les divierte, los encuentran complejos o con demasiadas normas. (sus amigos y sus juegos no están a la altura de su mente).
  • Disincronía niño-escuela: Desfase entre la rapidez del desarrollo mental del niño superdotado y la velocidad media de desarrollo por la que se rige el sistema educativo. Si en el aula no hay otros niños con los que compartir intereses, presentan dificultades en su desarrollo, dificultades de relación y dificultades de identificación con sus compañeros. Si no se desarrolla en un ambiente enriquecedor, estos alumnos ven sus aptitudes no valoradas, no exigidas, no utilizadas ni desarrolladas. Como reacción a esta situación, el niño se volverá distraído para defenderse del aburrimiento generado por un ambiente tan poco estimulante. En consecuencia, el niño (mientras continúe interesándose en las actividades escolares) podrá obtener éxito frente a problemas complejos (y estimulantes) pero enfrentarse con una actitud superficial y equivocarse tontamente frente a tareas sencillas, repetitivas y poco motivadoras. (La escuela no sigue a la mente).
  • Disincronía familiar: Los padres son los primeros que reconocen las altas capacidades de sus hijos, pero al mismo tiempo quieren que éstos se ajusten a la norma. Muchos nos saben responder a la curiosidad de conocimiento de sus hijos, cosa que se complica más en un ambiente familiar con un estatus cultural bajo provocando  que el niño prefiera ajustarse a las capacidades de la familia y evitar sentimiento de culpa. En estos casos, la familia no proporciona al niño un lenguaje y un pensamiento organizados de forma satisfactoria para él, ni tampoco modelos adecuados para construir su identidad. (La familia no sigue a la mente).
  • Disincronía niño-compañeros: La disincronía entre la edad mental y la edad real implica que estos niños no encontrarán en los compañeros de su edad una compañía intelectualmente interesante ni estimulante. Por otro lado, pueden sentirse desplazados físicamente en compañía de niños mayores, lo que les llevará, finalmente, a buscar niños de su edad para jugar, o a no jugar a determinados juegos. Poder entablar relaciones con otros niños de alta capacidad suele ser positivo para ellos y les permite aceptarse mejor. Un estudio realizado en el contexto de la escuela primaria norteamericana mostró que el niño de alta capacidad se desinteresaba del colegio cuando no había otro niño de similares características en su clase, y que menos del treinta por ciento de estos niños tenían un rendimiento escolar de acuerdo a sus posibilidades. Si pueden, son niños que suelen buscar el diálogo con el adulto y, a veces, se vuelven ávidos lectores, ya que los libros les permiten ir a su propio ritmo y les ofrecen la oportunidad de profundizar en temas de su interés. (Esta manía de agrupar por edad).

 

En conclusión, un buen sistema educativo debe poseer las herramientas diagnósticas adecuadas para identificar al alumnado con altas capacidades y proveerles de los apoyos y adaptaciones necesarias para desarrollar su potencial. El seguimiento del progreso de este alumnado es fundamental, y es tan importante fomentar el trabajo de su potencial intelectual como desarrollar el aprendizaje de su inteligencia emocional. Las herramientas de evaluación deben servirnos para entender mejor las fortalezas del niño (para potenciarlas y enriquecerlas) y sus debilidades (para entenderlas, trabajarlas y desarrollarlas).

En este sentido, y tal como reclaman los investigadores internacionales, la medida del CI, por cuanto no tiene en cuenta todos estos factores, no puede ser usada como un punto de corte para determinar que niño “es” y cuál “no es”, sin atender al proceso madurativo y de desarrollo inherente al concepto de infancia.

Entender al niño como un conjunto de capacidades, habilidades en desarrollo, emociones, personalidad, desarrollo físico y entorno, permiten a la escuela y a la familia dar una respuesta eficaz a sus necesidades. Por el contrario, empeñarse en buscar niños perfectos, con un desarrollo armónico en todas las áreas y aspectos, no sólo está lejos de la investigación científica sobre la alta capacidad, sino que lleva a la injusticia de dejarse en el camino a un gran porcentaje de niños que requieren una respuesta educativa diferenciada, y día a día se le está negando en las escuelas.

Los niños con Altas Capacidades no son genios o bichos raros que se aburren y fracasan porque ya lo saben todo. Aprenden más deprisa, pero quieren lo mismo que los demás niños: que les entiendan y les acepten.

Fuentes:

Otros enlaces de interés:
–  sengifted.org

 

 

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jugadora1
    Mar 08, 2016 @ 09:21:24

    Me ha gustado mucho el artículo, muy completo. Quizás los maestros no identifican tanto a este tipo de alta capacidad no solo por mayor o menor formación, sino por saturación. No es lo mismo tener uno, dos, tres hijos que 28 niños en un aula, es probable que les pasen más desapercibidas estas características.. Gracias por tu artículo!

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