CUANDO DEJAS DE MENDIGAR AMOR

Como seres sensibles, empáticos, se nos hace fácil ver lo mejor en las personas.

Sin esfuerzo miramos más allá de la máscara, de la fachada, de la personalidad, del ego, hacia ese lugar sagrado en el interior.

Con mucha facilidad vemos el dolor de los demás, sus decepciones, sus anhelos más profundos, incluso sus reacciones.

Nos resulta difícil juzgar, porque nos vemos a nosotros mismos también.

Ellos podrían burlarse, juzgarnos o criticarnos. Podrían humillarnos, ignorarnos, insultarnos.

Podrían rechazarnos a nosotros y a nuestro camino por completo. Podrían ignorarnos, o reprimirnos.

Aún así, los tomamos con empatía. Entendemos sus necesidades, sus sentimientos, sus penas.

Somos rápidos para perdonar. Vemos su bondad subyacente, incluso si su conducta es menos que consciente.

Nuestra tendencia, como seres empáticos, es ignorarnos a nosotros mismos en favor del ‘otro’.

El ‘otro’ es hacia quien tendemos enviar nuestra amorosa atención.

Llamamos a esto ‘generosidad’.

Tal vez aprendimos de niños que nuestra experiencia de primera mano, en tiempo real no era válida, o no era confiable, o ni siquiera real. Aprendimos a desviar la atención de nosotros mismos convirtiéndonos en protectores, defensores, terapeutas, sanadores, salvadores de los demás, a una edad muy temprana.

Era una cuestión de supervivencia. Ser egoísta significaba la muerte, psicológicamente. Hacer felices a los demás era realmente una cuestión de vida o muerte.

Cuido de los demás, y yo estaré bien. Apoyo a los demás, sin importar lo mal que me traten.

Aprendimos que:

El amor era condicional. El amor era impredecible. El amor significaba necesitar y ser necesitado.

El amor era algo por lo que teníamos que luchar, mendigar, abandonarnos, negarnos a nosotros mismos.

El amor era algo que teníamos que dar para poder recibirlo; que no fluía hacia nosotros en forma natural; que nos lo teníamos que ganar siendo niñas y niños ‘buenos’.

Más tarde en la vida, tal vez permitimos que los demás pasaran por encima de nosotros, que ignoraran nuestro dolor, que reprimieran nuestra verdadera voz, y tratamos de ser perfectos, y tratamos de ser buenos, y tratamos de ser espirituales, y tratamos de ser compasivos, y tratamos de estar ‘bien’.

Creímos que éramos ‘generosos’, pero realmente, en el fondo, seguíamos luchando por nuestras vidas.

Tal vez atrajimos compañeros que no eran capaces de vernos, que no eran capaces de entendernos o que no les gustaba nuestra sensibilidad, que no estaban realmente interesados en nuestros más profundos sentimientos y necesidades. Compañeros a quienes tuvimos que cuidar, incluso salvar. Compañeros que no eran realmente compañeros, en el sentido más profundo de la palabra. Compañeros que simplemente se encontraban en un camino diferente.

En el fondo, no nos sentíamos realmente amados, pero no conocíamos nada mejor.

Teníamos nuestro modelo de amor.

He aquí una invitación para comenzar a romper el ciclo de adicción por la felicidad de los demás, la adicción a sentirse necesario, la adicción a buscar el amor en donde no se puede encontrar.

Hoy, permite que cada quien se haga cargo de su propia felicidad. Descubre la felicidad dentro de ti mismo. Descubre tus pies sobre la tierra, el aliento conforme se eleva y cae. Descubre este profundo abrazo interior hacia cada pensamiento y sentimiento; este amor interior que acoge tanto la alegría como la tristeza, tanto la felicidad como el aburrimiento. Descubre la emoción de andar tu propio camino, avanzando hacia lo Desconocido, degustando tu propio sabor.

No puedes hacer felices a los demás, pero puedes inspirarlos a través de vivir tu propia felicidad más plenamente. Puedes ser una llama que enciende a los demás, en lugar de esperar desesperadamente a que ellos lo hagan. En la mayoría de los casos, tendrás que esperar por siempre. Detén esa espera. Comienza a vivir.

A veces tienes que ser más egoísta para ser realmente generoso.

Tan egoísta que dediques tu vida entera a arder tan brillantemente como sea posible, inspirando a los demás en lugar de intentar corregirlos, esperando en vano a que el amor fluya en tu dirección.

Sé empático, sí, escucha profundamente, sí; entiende el dolor de los demás, sí; pero recuerda, tú no tiene que arreglarlos. Y tu dolor importa, también. Y no está mal que esperes que tus sentimientos y necesidades sean reconocidos. Tú mereces empatía también. Mereces amor. Siempre lo has merecido.

Tú no eres indigno. Ya no tienes que probar que eres digno.

Así que hoy, envía una atención empática hacia lo más profundo de ti. Inunda los lugares sensibles en tu interior con ternura; comprométete a dejar de abandonarte a ti mismo en nombre del ‘amor’.

Porque el amor no es algo que se mendigue; es algo que se irradia desde lo más profundo.

– Jeff Foster

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Andretxu
    Mar 08, 2016 @ 20:59:23

    Realmente Jeff Foster me encanta. Gracias por bloguearle ^^

    Responder

  2. seleneblack
    Mar 08, 2016 @ 22:29:41

    De nada nene, para gente como tú que no tiene facebook ni tumblr…

    Responder

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